LOS EFECTOS DE LA PUBLICIDAD EN LA FAMILIA
El artículo tercero de la Ley General de Publicidad indica que “es
ilícita la publicidad que atente contra la dignidad de la persona o vulnere los
valores y derechos reconocidos en la Constitución, especialmente en lo que se
refiere a la infancia, la juventud y la mujer”.
Es un tema muy discutido, porque no todas las personas resultan
igualmente vulnerables a los mensajes publicitarios, mientras unas son
fácilmente seducibles e influenciables, otras, suelen ser impermeables a la
publicidad. Las personas que trabajan en este campo, en cuanto a sus aspectos
éticos, insisten en que las posibilidades de que el consumidor sea manipulado
por la publicidad son escasas, pues cada vez está mas preparado para analizar
el mensaje publicitario y filtrar su contenido, pero el mismo tiempo, también
el publicista utiliza técnicas de persuasión más agresivas, cuyos efectos hacen
alarmar en muchas situaciones. Además, al hablar de consumidores preparados,
bien informados y responsables a la hora de realizar cualquier acto de consumo,
pensamos en personas adultas, pero ¿qué ocurre con la publicidad dirigida a los
niños y adolescentes?
En el niño y adolescente la publicidad ve un importante consumidor
actual, pero además sabe que lo será también en un futuro, pues le habrá creado
el hábito del consumo, con lo cual será más fácil dirigirlo hacia la
satisfacción de nuevas necesidades. Además, los publicistas saben que es un
sector de la sociedad que ha nacido en la era de la televisión y que tiene gran
capacidad de lectura de la imagen y es más receptivo a cualquier estímulo,
debido a la fase de curiosidad en la que
se encuentra.
Por tanto, son muy peligrosos los efectos que la publicidad puede
producir en los niños y adolescentes, que no están preparados para filtrar la
información que reciben y tienden a aceptar como verdad, cualquier cosa que se
les presente, lo que les sitúa en una posición de desventaja. Hay estudios que
demuestran, por ejemplo, que en las familias en la que los niños y adolescentes ven demasiada televisión,
expuestos por tanto, a miles de anuncios comerciales al año, se encuentra un
mayor riesgo, por ejemplo, de bajo rendimiento académico, mayor sedentarismo,
bajo nivel de lectura….; al mismo tiempo, pueden darse problemas de sobrepeso y
anorexia nerviosa, por la exagerada representación de “cuerpos perfectos”,
induciéndoles a seguir dietas sin ningún control médico, etc. En este sentido,
hay que tomar conciencia desde dentro de la misma familia, enseñando a nuestros
hijos a filtrar lo que reciben, ayudarles a ver las cosas desde otro punto de
vista, diciéndoles que la verdadera felicidad no consiste en tener, y tener
cada vez más y que lo importante no es lo material. En definitiva, orientarles
hacia un consumo responsable y acorde con sus posibilidades. Y de forma
paralela, también como padres, debemos revisar los efectos que en nosotros
produce la publicidad, puesto que tampoco somos inmunes a ella.